
El Sábado me dejaron una Nikon F80, con un objetivo 28-80 1:3.4-5.6. En cuanto pude le puse unas pilas y comencé a exprimir lo que quedaba de un carrete que debe llevar en ella unos 4 años o así.
Tenía ganas de probar una cámara analógica por varias razones. La primera, es que últimamente estoy de un aire retro que no hay quien me aguante, y no puedo mirar algo antiguo y con historia sin verlo como algo mágico y precursor de grandes momentos en la vida de la gente. Así de exaltado me encuentro.
La segunda es que quería probar una cámara con carrete. Quería ver cómo se hacían las fotos antiguamente cuando no tenías un asistente contigo diciendote cómo lo tienes que hacer. Esto me ha defraudado un poco, porque la verdad, este modelo lo considero Semiautomático. Quiero decir, tiene un modo Manual, pero también prioriza la velocidad de obturación, la apertura del Diafragma, e incluso tiene un modo programado. La única diferencia con una digital es que la foto va al carrete, pero no he notado grandes diferencias con la D40.
La tercera razón es que quiero revelar con mis manos las fotos. Aunque es estupendo hacer cienmil fotos y verlas en el ordenador, la verdad es que me apetece revelar fotos y aprender cómo se hace. La fotografía es algo que se ha simplificado mucho y me apetece disfrutar del encanto y el misterio que tenía cuando revelar carretes y carretes era algo habitual. Me apetece ver el grano marcado en el papel, el contraste que nunca se logra en una cámara digital.
Al agarrar una F80 con pilas y carrete siendo usuario de una D40, notas algo enseguida: Pesa. Y no poco, el juguete pesa bastante aunque se deja manejar, el diseño es ergonómico y se ajusta a la mano fácilmente, algo por lo que adoro las Nikon. A pesar de los años la rugosidad de la superficie del objetivo y del cuerpo siguen intactos, son firmes. Al apretar el botón del autoenfoque empieza la magia. El autoenfocado necesita más espacio para enfocar que en la D40, y el motor del objetivo suena muchísimo, a trasto grande y rústico. Y no hablemos del obturador, que casi suena a golpe. Al hacer una foto y cerrarse el obturador te quedas con la sensación de tener una contundencia imparable en las manos. Me encanta.
Estoy deseando revelar este carrete. En blanco y negro, ya contaré.










