Siguiendo con mi línea de probar lo que no sé por qué triunfa, llega el momento de Flickr.
Flickr es el servicio de compartición de fotos online que tanto gusta a grandes y pequeños. Aunque nunca me ha parecido un mal servicio, siempre he preferido DeviantArt. Comencé antes y me da la impresión de ser más profesional. Además, la interfaz de Flickr aunque infinitamente más limpia, me parece un poco más confusa.
Para mí, Flickr es a DeviantArt lo que iPhoto a Aperture, en cuanto al uso que voy a darle. Aperture es donde van todas las fotos que quiero tratar con cierta seriedad, con una edición más o menos avanzada y de las cuales voy a utilizar un flujo de trabajo algo más elaborado.
En iPhoto, lo que busco es enchufar la cámara, cargar las fotos, que reconozca dónde o a quién se la hice, y si me gusta, compartirla. Algo fácil, y rápido. Las ediciones suelen ser automáticas si las hay. Es el programa del modo Auto.
En DeviantArt cuando expongo una fotografía, busco una crítica, comentarios, despertar sensaciones, llenar mi hueco entre el elenco de grandes artistas que completan la página.
En Flickr, símplemente busco enseñar mis breves paranoias con una cámara. Las fotografías no son nada especial, símplemente algo que veo y me gusta.
De hecho, la motivación de abrir una cuenta de Flickr para esto se basa en un post que leí hace poco sobre un hombre cuya conocidísima galería estaba basada en fotos del iPhone. La mía está basada en fotos del N73.
La publicación desde iPhoto es sencilla y sin problemas cuando tienes una cuenta reluciente y nueva. Desde él puedes gestionar tus álbumes y las fotos que hay en cada uno de ellos, lo cual es perfecto para el tipo de fotos que quiero subir. Van del móvil a la red en 20 segundos, cómodo y fácil, lo necesario cuando no buscas complicarte ni hacer grandes maravillas ni virguerías.
Crear una cuenta de Flickr es un proceso penoso. Hay que crear una cuenta de Yahoo, probablemente una cuenta que utilizaré únicamente para esto, y el formulario es gigantesco. No me hizo mucha gracia tener que abrir una cuenta nueva y además tener un nombre de usuario disinto dentro del servicio. Demasiados datos y demasiados nombres. Después de eso, agregué a un par de contactos de Google -algo que empieza a ser muy práctico en todos los servicios- que tienen cuentas, y ya no he vuelto a entrar en Flickr.
Como hago con todos los servicios en los que me registro, agregué el feed de Flickr a Tumblr, de manera que el microblogging es automático -hasta que no empecé a usar twitter, desde Tumblr, tampoco entraba nunca a postear nada.
Y completado el tedioso proceso, las fotos salen del movil, van a un álbum de iPhoto, de ahí a Flickr, y de ahí a mi Tumbleblog, que a su vez se refleja en la parte de abajo de este blog. La magia de la estandarización, y de la intercomunicación. Esto del 2.0 mola.











